01 Sep Techno: la hipnosis comienza cuando desaparece la melodía
Existen canciones que podemos evocar con un simple silbido, una voz, un estribillo que resuena una vez y otra vez hasta llegar a ocupar una parte importante de nuestra memoria. Existe otro tipo de música muy diferente que no podemos cantarla, no hay estribillos evidentes, a veces no incluyen una sola melodía. Pero una vez que pasamos algunos unos minutos escuchándola, nos sentimos atrapados por su sonido.
Algo así ocurre con una parte importante del techno y resulta una pregunta atípica de plantearse: ¿cómo puede llegar a ser hipnótica una canción que en principio no tiene nada que podamos tararear? La respuesta radica en comprender que nuestro cerebro no escucha solo melodías, escucha patrones, repeticiones, cambios, texturas y expectativas.
El techno no necesita una melodía para crear memoria
Cuando hacemos referencia a una canción memorable, hacemos por lo general referencia a una melodía, lo que ocurre es que una melodía no es la única estructura que puede aprenderse el cerebro; también se puede aprender un ritmo, un sonido, una secuencia, e inclusive la ausencia de algo.
Escuchemos por ejemplo Spastik de Plastikman remezclada por Dubfire. No existe melodía tradicional que podamos cantar, ¿qué hay en cambio? una compleja secuencia de percusión que se repite y avanza. El cerebro parece que comenzará a reconocer el patrón, después empieza a anticiparse, y esa anticipación genera una tensión. No necesitamos saber cuál será la siguiente nota ni cuándo tendrá lugar el siguiente golpe. Repetir no es igual a quedar igual, y esta es probablemente su característica más importante.
A primera escucha, un track de techno puede parecer extremadamente repetitivo, pero escuchar repetición no equivale a escuchar exactamente lo mismo. Un buen productor puede hacer perdurar una estructura durante varios minutos a la vez que modifica pequeños detalles: un hi-hat aparece, después desaparece, el filtro cambia ligeramente, la frecuencia aumenta, un delay aparece al fondo. Son cambios pequeños pero nuestro cerebro los percibe, y como conocemos el patrón anterior podemos notarlos.
La melodía puede ser reemplazada por el timbre
Otra posible explicación del motivo por el que el techno funciona tan bien sin melodía es que el timbre puede ocupar el primer plano. En lugar de preguntarnos qué nota se toca, comenzamos a preguntarnos: ¿qué textura tiene la nota?, ¿es metálica? ¿es áspera? ¿es profunda? ¿está filtrada? ¿se distorsiona? En este escenario, un sintetizador puede llegar a actuar casi como un instrumento percusivo, y no importa tanto la melodía que toca, importa el cambio de su textura.
Escuchar a Laurent Garnier en «Crispy Bacon» puede darnos una idea de esto, el interés reside en la relación entre pocos elementos, y pequeñas alteraciones producen movimiento en el interior de una estructura minimalista. La emoción no tiene que venir de una melodía, puede venir del comportamiento del sonido.
La hipnosis necesita predictibilidad
Esto puede parecer contradictorio. Si queremos que la atención se mantenga, ¿no hay que sorprender al oyente? No necesariamente, la sorpresa en exceso puede impedir que se alcance la hipnosis. Para entrar en un estado hipnótico se requiere un cierto grado de estabilidad, algo que se debe repetir, algo que somos capaces de identificar, algo que pueda permitir que nuestra atención deje de buscar continuamente algo nuevo.
El techno puede proporcionar exactamente eso: un patrón que regresa una y otra vez. Pasado un cierto momento dejamos de analizarlo de manera consciente, el ritmo se convierte en predecible. Y llegado a este punto, ya no necesitamos pensar en cada golpe, podemos empezar a percibir otros detalles.
Una de las cosas más interesantes que se produce en la repetición es que después de un tiempo dejamos de percibir cada golpe. Inicialmente escuchamos: kick — hi-hat — kick — hi-hat. Tras varios minutos de escuchar esta secuencia, dejamos de percibir cada parte que la compone. Nos dejamos llevar por una suerte de corriente continua en la que el ritmo deja de parecer una sucesión de eventos y se transforma en una superficie —especialmente en el techno más hipnótico. En temas como «Twisting My Mind» de Nicole Moudaber, el interés no está en llegar de forma rápida a un momento de recompensa, sino en permanecer dentro del patrón. El tema avanza, pero no viaja a ningún lugar, y por eso puede ser hipnótico.
El silencio también puede producir hipnosis
Incluso la ausencia de sonido tiene protagonismo. Un productor puede eliminar un kick por unos segundos, puede eliminar una frecuencia, puede reducir los graves, dejar tan sólo una textura, y cuando entra de regreso alguno de esos elementos, nos parece que tienen mucho más peso del que tenían originalmente.
El kick puede ser exactamente el mismo, el volumen puede ser prácticamente idéntico, pero nuestra percepción ha cambiado. Hemos experimentado su ausencia durante unos segundos y, cuando vuelve, nuestro propio cerebro no hace la referencia únicamente de escuchar ese sonido, recuerda que había desaparecido. Eso hace que el retorno se sienta como una especie de recompensa.
Y aquí tenemos otra de las herramientas fundamentales del techno: la tensión no se construye siempre añadiendo cosas, muchas veces se construye quitándolas.
La melodía no desaparece: simplemente deja de ser la protagonista
Afirmar que el techno puede ser hipnótico a pesar de la ausencia de melodía no implica que el género de carezca de melodías, existe un techno tan melódico como su propia importancia técnica. Derrick May, Robert Hood, Stephan Bodzin, Daniel Avery o Jon Hopkins han demostrado que las melodías pueden perfectamente convivir con la lógica repetitiva del género. Se puede decir que la melodía, en todo caso, no es necesaria. Un track puede provocar una respuesta emocional utilizando únicamente ritmo, timbre, dinámica y espacio, lo que amplía las posibilidades de lo que entendemos por «música emocional».
Estamos habituados a determinar ciertas estructuras que podrían asociarse con ciertas emociones. Una melodía ascendente nos puede parecer esperanzadora, un acorde menor nos puede parecer melancólico, una voz nos puede transmitir tristeza, pero la música electrónica nos ha enseñado que hay otras maneras de dar respuestas emocionales. Un kick que empieza tras varios compases de silencio nos puede evocar euforia, un filtro que se abre lentamente puede generar tensión, y un bajo que vuelve a aparecer tras haberse ido puede proporcionarnos alivio, o una secuencia que se programa durante ocho minutos puede abducirnos en un trance. La emoción no está sólo en las notas, también puede suceder en la expectativa de lo que esperamos que suceda.
El verdadero instrumento puede ser la expectativa
Un productor de techno no sólo trabaja don los sonidos, también trabaja con nuestras expectativas. Nos da un patrón, luego lo reproduce, nuestro cerebro memoriza las reglas, y después el productor puede jugar: puede retrasar un elemento, puede suprimirlo, modificarlo, puede introducir otros elementos, o simplemente esperar. Así el oyente se encuentra involucrado en la construcción de la música porque va presuponiendo cuál va a ser el siguiente paso; cuando la predicción es cierta, sentimos estabilidad; cuando la predicción ha sido ligeramente modificada, sentimos asombro; y cuando la música se encuentra en balance entre ambos puntos, aparece algo que se asemeja a una hipnosis.
Entonces, ¿por qué el techno puede ser hipnótico sin tener una melodía?
Porque la melodía es tan sólo una de las distintas maneras de organizar nuestra atención, el techno puede utilizar el ritmo, la repetición, el timbre, el espacio, el silencio, y sobre todo, la expectativa.
Un buen track no tiene que cambiar radicalmente para seguir manteniéndonos con el interés, puede cambiar una parte, agitar un elemento, hacer desaparecer un sonido durante unos segundos, dejar sonando un patrón hasta que nuestra percepción se ajuste. Entonces ocurre algo curioso: ya no estamos escuchando una secuencia de golpes, ni llevamos la cuenta de los compases, ni nos preguntamos cuándo llegará el siguiente cambio, simplemente estamos metidos dentro del ritmo.
Quizá esa sea la auténtica fuerza hipnótica del techno: no necesita ir diciéndonos constantemente algo nuevo, necesita construir un lugar al que nuestra mente quiera regresar una y otra vez. Un loop puede parecer poca cosa, pero bien hecho puede contener una cantidad infinita de pequeñas posibilidades. Y quizás esa sea la razón por la que el techno puede prescindir de la melodía y seguir siendo profundamente emocional. Porque, al fin y al cabo, no siempre necesitamos de una canción que podamos cantar.

Dj y productora musical, label manager, locutora y productora de radio, diseñadora gráfica y web, periodista musical. :: www.veronicaelton.com
