31 Ago ¿Qué es exactamente la música electrónica no comercial?
Hay una frase que parece ser de lo más común para explicar los gustos o preferencias musicales de alguien: «Me gusta la música electrónica, pero no la comercial», y parece bastante fácil de entender en un principio.
Más o menos sabemos a qué se refiere ese comentario: no queremos los mismos drops que se diseñan para festivales masivos, ni las canciones que salen una y otra vez en todas las playlist o bien aquellos tracks que parecen construidos de una manera más o menos idéntica a otros, con una fórmula perfectamente calculada para que funcionen en una pista de baile llena.
Pero si intentamos pensar un poco lo que esto significa, la frase puede complicarse bastante ¿qué significa exactamente que una canción sea «no comercial»?, ¿es lo mismo que underground, independiente o experimental?, ¿puede ser underground una canción que se vuelve popular? Y sobre todo ¿qué buscamos cuando lo que expresamos es el rechazo de lo comercial? Quizás no buscamos simplemente música que venda menos.
La música electrónica no comercial no es un género
La primera premisa que vale la pena dejar clara es que no comercial no implica necesariamente un sonido determinado, puedes encontrar techno, house, electro, ambient, IDM, trance, breakbeat o cualquier género con la producción más comercial y, al mismo tiempo, con propuestas que ignoren las estructuras más típicas.
Por eso, afirmar que algo es “no comercial” a menudo habla menos de cómo suena que de las relaciones que establece con el mercado. Una producción puede ser simple, repetitiva, realmente lacerante y ser independiente; otra producción puede ser compleja, experimental, y estar en un sello mayor. Lo no comercial tampoco indica que el artista o productor no quiera hacer dinero, ser independiente no tiene por qué significar ser amateur, y tampoco querer vivir de la música convierte automáticamente a alguien en un artista comercial. Tal vez sería más correcto pensar en lo no comercial desde la perspectiva de la actitud creativa: la voluntad de hacer música aunque no sea fácil de vender, entender o consumir.

Underground, independiente y experimental no son lo mismo
Utilizamos estas tres palabras casi como sinónimos aun cuando indican cosas diferentes: independiente sugiere más la estructura detrás de la música (quien financia, quien publica, quien controla el proyecto); underground está más relacionado con la comunidad, la escena, la posición cultural (algo puede ser underground porque transita por la vía de determinados espacios, clubes, discos, colectivos, comunidades distintos a los circuitos masivos); y experimental describe sobre todo una búsqueda artística (algo experimental está afincado en la exploración de sonidos, de estructuras, de técnicas, de ideas que se alejan de la norma).
De hecho, ninguna de estas características implica las demás. Un artista puede ser independiente y hacer música convencional, un productor puede experimentar mucho con la música que produce para una gran compañía y una escena underground puede desarrollar sus propias fórmulas hasta convertirse, por un proceso de culturalización, en algo perfectamente reconocible y comercializable. Quizás deberíamos desconfiar un poco de las etiquetas.
¿Puede algo seguir siendo underground después de volverse viral?
Aquí podemos encontrar una de las contradicciones más interesantes de la cultura musical contemporánea. Imaginemos a un productor en el anonimato publicando un track a través de un pequeño sello. Durante meses van a escucharle un puñado de DJs y una comunidad relativamente reducida. Un buen día alguien selecciona treinta segundos de ese track, los comparte en TikTok y el fragmento musical se viraliza. La canción la escucha millones de personas, el artista aparece en festivales, las reproducciones empiezan a crecer de manera exponencial, los grandes sellos empiezan a llamar a su puerta… ¿la canción ha dejado de ser underground? No es tan fácil de decir: el sonido no ha cambiado, la producción es exactamente la misma, lo que ha cambiado es el contexto.
Tal vez eso es precisamente lo que caracteriza gran parte de lo underground: no sólo lo que escuchamos, sino dónde, cómo, con quién lo escuchamos. Una canción puede convertirse en un fenómeno mundial sin perder sus características artísticas, pero al mismo tiempo puede dejar de pertenecer a la comunidad que le hacía tener sentido. La viralidad, entonces, no transforma necesariamente la música, puede transformar el ecosistema que rodea la música.

El problema de querer ser diferente
También encontramos una paradoja en nuestra búsqueda de música electrónica no comercial: queremos descubrir algo que no conoce la gente, pero cuando encontramos algo que realmente nos parece genial, queremos compartirlo. Se lo comentamos a los amigos, lo colgamos en las redes, lo incorporamos en listas de reproducción, hablamos sobre el artista y, si miles de personas hacen lo mismo, aquello que hacía que sintiéramos que habíamos encontrado algo especial empieza a desvanecerse.
Es una contradicción humana del todo evidente: queremos ser parte de una comunidad, pero al mismo tiempo queremos separarnos de esta misma comunidad. Quizá por eso funciona tan bien lo underground como identidad, escuchar música que no conoce todo el mundo puede ser una manera de hablar de nosotros mismos: quiénes somos, qué buscamos, y de algún modo quiénes no somos. Y aquí se plantea una pregunta incómoda: ¿buscamos música diferente o buscamos sentirnos diferentes?
El algoritmo también escucha
Durante mucho tiempo, el descubrimiento de la música menos conocida significaba dedicar tiempo a nuestra curiosidad. Era necesario entrar en una tienda de discos, hablar con un DJ, escuchar una sesión completa, conocer un pequeño club, profundizar en un sello o dedicar horas buscándola. Hoy podemos descubrir música menos conocida en un segundo, pero eso no garantiza que descubramos más.
Los algoritmos de servicios como Spotify, YouTube o TikTok tienen como propósito enseñarnos aquello que probablemente nos gustará. Es una herramienta muy buena, aunque puede dar lugar a una paradoja: cuanto más actuarán para conocernos (para así enseñarnos música), más sencillo será que acabemos escuchando variaciones con todo aquello que ya sabemos que nos gusta. La exploración más verdadera implica también encontrarnos con aquello que no esperábamos que nos gustara. Quizás una parte de la verdadera música interesante está precisamente en ese lugar: fuera de la burbuja.

Entonces, ¿qué buscamos realmente?
Quizás cuando decimos que buscamos música electrónica no comercial estamos intentando describir varias cosas a la vez. Buscamos sorpresa: escuchar algo que nos rompa los esquemas; buscamos personalidad: sentir que detrás de ese sonido hay una decisión, y no solo una fórmula; buscamos descubrimiento: la percepción de dar con algo antes de que se vuelva mainstream; buscamos comunidad: personas que comparten una sensibilidad parecida y espacios en donde tenga un significado distinto; buscamos libertad: música que no tenga que justificarse inmediatamente por medio de reproducciones, playlists, tendencias o métricas.
Pero tampoco todas estas cosas son exclusivas de la música underground. Una canción con varios millones de reproducciones puede ser extraordinariamente original, y una producción que solo escuchan cien personas, puede ser simplemente predecible. Quizás por eso el verdadero enemigo no es lo comercial, sino la falta de riesgo.
La música electrónica no comercial no es una cifra
Quizás llega el momento de dejar de medir lo no comercialen términos de seguidores, de reproducciones, o del tamaño de los escenarios. Un artista que cuenta con un millón de oyentes puede estar haciendo algo mucho más arriesgado que el que tiene quinientos oyentes. Y una producción que escuchen diez personas no llega a ser automáticamente interesante por el mero hecho de que sea desconocida. La música no pasa a ser valiosa porque la escuche poca gente. Se vuelve valiosa en cuanto tiene algo que decir, algo que explorar, algo que hacernos sentir.
En ese sentido, lo no comercial podría ser directamente lo que no pone al mercado por encima de la búsqueda artística de los músicos. Y eso se puede dar en un pequeño sótano, en un sello independiente o incluso en un escenario con un aforo de veinte mil personas. Quizás la pregunta que nos tendríamos que hacer no es ¿esto es no comercial?, sino algo mucho más simple ¿esto me está mostrando algo que todavía no había escuchado?, si la respuesta es sí quizás hemos dado con lo que estábamos buscando.

Dj y productora musical, label manager, locutora y productora de radio, diseñadora gráfica y web, periodista musical. :: www.veronicaelton.com
