04 Sep El drop en la música electrónica ¿es tan necesario?
Durante los últimos años, parece que muchas canciones electrónicas tienen una obligación: deben subir, generar tensión, hacernos esperar, y finalmente tienen que explotar.
El célebre build-up → drop ha pasado a ser una de las fórmulas más características de la música electrónica de nuestros días. Una progresiva acumulación de sonidos, filtros que se abren, percusiones que van aumentando, luego un silencio estratégico y después: la explosión. Entra el bajo, se añade el bombo, el sintetizador comienza a hacerse presente, y parece que todo crece de forma desmedida. La pista de baile responde pues la estructura funciona. Pero ¿por qué pensamos que la música electrónica tiene que llegar siempre a ese instante?
El placer de esperar
Una buena parte de la respuesta reside en algo que sabemos, que esa expectativa nos gusta. Cuando empieza a desarrollarse algún tipo de tensión en una pieza, empezamos a imaginar lo que dará de sí, cada elemento que se va sumando incrementa nuestra expectativa, el productor electrónico nos está haciendo una promesa. Aún no hemos llegado a la recompensa, pero sabemos que estará ahí, y cuanto más tiempo tarda en llegar, mayor puede ser la experiencia de liberación cuando por fin llega.
El drop en ese sentido es una herramienta extraordinariamente eficaz, no tiene que explicarse por sí misma, no implica que sepamos de teoría musical, nuestro cuerpo entiende inmediatamente lo que está sucediendo. La tensión se incrementa, esperamos, y entonces disfrutamos el impacto. Una fórmula demasiado eficaz y justo por funcionar tan bien, terminó convirtiéndose en una fórmula.
Podemos reconocer estructuras muy semejantes en buena parte de la música electrónica dirigida a un público masivo: intro – build up – climax – pausa – drop – y volver a empezar. El problema no está en usar tal estructura, sino en hacerlo cuando esta estructura se convierte en el motivo de ser de la canción. Cuando lo que ocurre antes del drop deja de tener valor por sí mismo para ser simplemente una cuenta atrás: 30 segundos para el drop, 20 para el drop, 10, 9, 8… la canción deja de ser un relato y se convierte en un parque de atracciones mentalmente diseñado y elaborado, que sólo gira en torno a un único momento: la explosión.
El drop como producto
Hay también una dimensión comercial que no podemos pasar por alto, un gran drop funciona particularmente bien en un festival. Esto es fácil de comprender porque permite que miles de personas puedan reaccionar con euforia al mismo tiempo. También puede sincronizarse especialmente bien con las luces, con las pantallas, con fuegos artificiales y otros elementos que aumentan la emoción.
El drop también va muy bien en la economía de la atención digital, pues un fragmento de unos segundos se convierte en el momento identificable de una canción. El drop se convierte en el gancho, el gancho se convierte en el contenido y el contenido se convierte en una manera de promoción musical.
Esto ha generado una situación curiosa: una pieza musical que antes podía ser una experiencia sonora completa, puede acabar siendo diseñada en torno a la parte que mejor funciona de ella, es decir el drop. La pieza no sólo tiene que sonar bien, sino que además debe tener un fragmento que pueda ser identificable, que pueda resultar compartible y que pueda ser recordado.
No todo tiene que explotar
Hay una tendencia en la escena de la música electrónica a pensar que la intensidad en los tracks siempre debe ir en aumento: más capas, más volumen, más graves, más percusiones, más energía. Pero la intensidad no funciona exactamente así, a veces un track puede tener más intensidad cuando se quita información. Un silencio puede ser tan efectivo como un golpe, un cambio de textura puede ser más emocionante que un megadrop, un bajo que aparece a los minutos de no estar presente puede sentirse mucho más fuerte justamente porque no lo estás recibiendo constantemente. La música también puede crecer hacia dentro, no sólo hacia arriba, esa es la importancia de no confundir energía con volumen.
Una de las consecuencias de la obsesión por el drop es que incluso podemos llegar a confundir intensidad con espectacularidad. Una canción no requiere ser siempre explosiva para ser intensa, un tema minimalista puede generar tensiones intensas con pocos elementos: un ligero cambio en el compás puede ser suficiente, una frecuencia que aparece lentamente, un patrón que progresa, o una nota que se sostiene durante mucho tiempo.
Entonces, ¿necesita un drop la música electrónica?
El drop no es indispensable, pero tampoco es necesario evitarlo. El problema nunca fue el drop, sino la obligación de tener uno. Un buen drop es espectacular, emocionante y muy efectivo, puede ser el clímax de una composición y puede provocar una reacción física inmediatamente, pero un drop también puede resultar predecible.
La cuestión no es si una canción tiene drop, sino pensar si es imprescindible tenerlo. Si la respuesta es sí, perfecto. Si toda la estructura anterior sirve para justificar el drop, quizás estamos ante una fórmula, pero si el productor logra guiarnos hacia un lugar inesperado entonces quizás esté haciendo algo mucho más interesante. Quizás la verdadera recompensa sea no saber cuándo caerá el drop.
La música electrónica tiene un vínculo especial con la expectativa, ya que juega constantemente con patrones. Sabemos que algo puede suceder después de ocho compases, sabemos que el DJ puede quitar el kick, sabemos que el bajo puede volver, sabemos que el público está esperando. Los productores más interesantes pueden jugar con ese conocimiento, saben manejarlo, pueden posponer la recompensa, evitarla, o sustituirla por otra.
Quizá la evolución de la música electrónica no esté en hacer drops aún más grandes, quizás esté en el hecho de que no los necesitemos siempre. Porque cuando una canción no depende de una explosión para mantener nuestra atención, aparece una posibilidad interesante: querer seguir escuchándola no para esperar que estalle, sino para descubrir qué va a hacer para mantener nuestra atención.

Dj y productora musical, label manager, locutora y productora de radio, diseñadora gráfica y web, periodista musical. :: www.veronicaelton.com
