RADIO LIVE

El espejismo del sonido futurista de la música electrónica

Hay sonidos que parecen venir del futuro. De hecho, aunque nadie nos diga qué estamos escuchando, hay ciertos sonidos que nos parecen futuristas. Hay algo curioso en todo esto: el futuro no existe todavía, así que ¿cómo saber a que debería sonar? La respuesta tiene menos que ver con el futuro en sí y más con cómo, a lo largo de las décadas y las generaciones, nuestra cultura ha imaginado el futuro.

Cuando imaginamos el futuro, lo que nos viene a la mente son seguramente imágenes muy específicas: ciudades modernas llenas de luces, máquinas inteligentes, naves espaciales, autos voladores, ambientes fríos y metálicos. Y esas imágenes han ido acompañadas por unos determinados sonidos pues la ciencia ficción, los videojuegos, el cine, la televisión y la publicidad han ido creando poco a poco una suerte de vocabulario sonoro del futuro. Por eso un sintetizador analógico nos puede parecer futurista, aunque sea muy antiguo, no porque sea algo realmente nuevo sino porque hemos aprendido a asociarlo con lo que viene.

La música electrónica inventa futuros que todavía no existen

Una de las características fascinantes de la música electrónica es que, aun desde sus herramientas básicas, pudo generar sonidos que no tuvieran un referente acústico real y tangible: un violín suena como un violín, la guitarra suena como la guitarra, pero ¿y una onda de sintetizador? no reproduce algo que encontremos presente en el mundo real, sino que puede ser algo completamente abstracto. Esa abstracción ha abierto una puerta enorme para imaginar sonidos que parecen dar vida a un mundo en el que podrían sonar naturalmente. Es por eso que la música electrónica no tenía que replicar el mundo, sino que podía inventarse otros mundos sonoros.

El hecho de escuchar un sonido que no sabemos qué es tiene una fuerza muy poderosa. Cuando no sabemos decir exactamente qué tipo de instrumento produce un sonido, la imaginación puede empeñarse en intentar buscarle sentido: ¿se trata de una máquina? ¿una voz? ¿un objeto? ¿algo que no existe físicamente?

La no identificación puede desencadenar una sensación de extrañeza, y la extrañeza está directamente relacionada con nuestra idea del futuro, ya que lo extraño con frecuencia se presenta como algo novedoso y lo novedoso como algo de futuro.

Por eso un sonido extremadamente simple puede parecer más futurista que una producción técnicamente más compleja. No depende de cuánta tecnología se utilice, sino de cuánto se aleja un sonido de nuestras referencias presentes.

La precisión también puede sonar futurista

Generalmente asociamos la tecnología con la precisión: máquinas que no se equivocan, procesos llevados a cabo con exactitud, movimientos milimétricos; todo ello hace que algunos ritmos electrónicos extremadamente precisos acaben provocando una sensación de futurismo, cada golpe queda perfectamente atrapado en la posición de la cuadrícula, cada repetición es idéntica, parece que cada elemento obedece a un proceso de tipo matemático.

Pero aquí encontramos una paradoja interesante. La música electrónica también puede hacer uso del error para acabar generando una sensación futurista: glitches, cortes, fallos digitales, señales corruptas. Porque también dan cuenta de otra estética de la técnica: no de una máquina perfecta, sino de la máquina fallando. Y quizás esa forma nos resulta incluso más contemporánea.

Un sonido digital que se rompe puede sonarnos futurista precisamente porque es parte de un lenguaje tecnológico. Son sonidos que probablemente no existirían sin determinados sistemas de tecnología y, por lo tanto, pueden funcionar como símbolos sonoros de una época.

Quizás dentro de 20 años ya no sean futuristas, podrían pasar a ser sonidos absolutamente de todos los días. Eso es una muestra de que lo futurista no es una propiedad permanente de un sonido, sino una relación entre el sonido y nosotros en el presente.

Por eso un sonido extremadamente simple puede parecer más futurista que una producción técnicamente más compleja. No depende de cuánta tecnología se utilice, sino de cuánto se aleja un sonido de nuestras referencias presentes.

El futuro de ayer

Escuchando música electrónica de épocas pasadas podemos verificar esta afirmación. Algunos sonidos que en aquel momento debieron sonar como radicalmente futuristas hoy pueden sonar nostálgicos, lo que en su época era el mañana hoy se convierte en el ayer.

Esto sucede constantemente: la tecnología envejece, los sonidos producen recuerdos, y lo que pensábamos como futuro termina siendo estética retro. Es una de las grandes paradojas de la cultura futurista: el futuro también puede volverse vintage.

Un sintetizador que en su momento fue un símbolo de como serían los próximos cincuenta años puede terminar suponiendo una época; ya no escuchamos el futuro, escuchamos la idea que una generación tenía del futuro.

Por eso un sonido extremadamente simple puede parecer más futurista que una producción técnicamente más compleja. No depende de cuánta tecnología se utilice, sino de cuánto se aleja un sonido de nuestras referencias presentes.

¿Por qué lo futurista suele sonar frío?

Lo que imaginamos del futuro tampoco es algo neutral. Durante años, muchas imágenes de las representaciones audiovisuales han hecho de los espacios fríos, oscuros, metálicos y minimalistas la correlación de la tecnología futurista. Por eso determinados sonidos han adquirido esta asociación: reverberaciones largas, frecuencias agudas, texturas metálicas, subgraves profundos, voces procesadas, sonidos que parecen venir de una máquina.

Pero no hay ninguna razón física para asociar el futuro a un sonido frío, el futuro podría sonar cálido, orgánico, acústico o incluso completamente silencioso. La idea de futuro frío es una construcción cultural y la música no deja de participar igualmente en esta construcción.

¿Puede algo completamente analógico sonar futurista? Por supuesto, y aquí encontramos otra contradicción interesante: no se necesita una tecnología de vanguardia para producir un sonido que parezca futurista. Un sintetizador antiguo puede sonar más futurista que una herramienta digital contemporánea, un procesamiento extremadamente sencillo puede producir una textura que nuestra imaginación considera fuera de este mundo, incluso la grabación de un instrumento acústico puede sonar futurista si se procesa de cierta forma que rompe con nuestras expectativas.

Esto demuestra que lo futurista no depende de la herramienta, sino que se deposita en la percepción. No nos importa tanto cómo fue producido el sonido, sino el mundo que nos hace imaginar.

El futuro también puede ser orgánico

Quizá nuestra noción de lo futurista tenga su propia evolución, ya que durante un largo periodo de tiempo, la imaginación del futuro estuvo asociada con máquinas. En estos momentos existe otra idea de futuro, la que visualiza a la tecnología asociada con la naturaleza y con el hombre: sistemas biológicos, inteligencias artificiales cooperando con humanos, máquinas que parecen querer reproducir lo orgánico. Eso podría dar la vuelta también a la nueva estética del sonido futuro.

Quizá el futuro no necesite la sonoridad de una máquina y el sonido futuro sea la mezcla imposible entre lo natural y lo artificial: una voz que no sabemos si es real, un instrumento que responde a nuestro movimiento, un ritmo adaptable en tiempo real, una composición que cambia al ser oída. Lo futurista sería precisamente no tener que crear una delimitación entre lo orgánico y lo digital.

La música electrónica no predice el futuro

Quizás la música electrónica nunca ha intentado predecir cómo será el futuro, tal vez su función consista en imaginarlo. Cada vez que un productor utiliza un sonido que no conoce es una forma de construir una pequeña posibilidad; cada textura rara, cada síntesis imposible, cada voz transformada y cada ritmo extraño puede evocarnos un mundo que todavía no existe, y cuando escuchamos ese sonido imaginamos el resto.

Por eso la música electrónica puede seguir sonando futurista incluso cuando usa maquinaria de hace años, porque el futuro no está dentro del sintetizador, está en nuestra cabeza.

Entonces, ¿qué hace que un sonido parezca futurista?

No existe una determinada frecuencia, no existe un instrumento que resulte realmente futurista, no existe una fórmula. Un sonido es futurista cuando rompe con nuestra relación habitual con el presente. Cuando no sabemos de dónde viene, cuando parece de una tecnología que todavía no conocemos, cuando transforma algo que conocemos (o con lo que estamos familiarizados) en algo extraño, o bien cuando nos permite imaginar una máquina, una ciudad, un mundo que todavía no existe. Y esa puede ser una de las causas del por qué la música electrónica tiene aún hoy una relación tan particular con el futuro: tiene la posibilidad de preguntarse no sólo cómo suena hoy el mundo, nuestra realidad, sino también cómo sonaría un mundo que todavía no existe.