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Leer la pista: el talento que no aparece en una playlist

Contar con buenos tracks sólo es una parte del trabajo del DJ, una de sus grandes capacidades es entender la energía del público, anticipar sus movimientos y trazar un viaje musical que no está escrito de antemano.

Una playlist puede contener veinte tracks impecables; puede presentar una selección muy coherente, transiciones bien programadas y una progresión musical que funcione a la perfección en teoría. Sin embargo, una vez que esa música llega a una pista de baile ocurre algo que no se prevé en ninguna lista de reproducción: la gente comienza a responder.

Algunos bailan desde el primer minuto, existen otros que observan, conversan o esperan pacientemente el momento preciso para acercarse a las bocinas, hay cambios de energía, los espacios cambian de forma y, de pronto, una canción que parecía ser perfecta no funciona en la pista de baile. O bien sucede todo lo opuesto, un track inesperado logra conectar con el público de una forma que nadie había imaginado. Es aquí donde se desarrolla una de las habilidades más interesantes de un DJ: leer la pista.

La pista de baile también comunica

El hecho de que el público no siempre lo exprese de forma verbal no impide que la pista ofrezca información constantemente. La forma en la que se mueven las personas, la intensidad de sus movimientos, la cantidad de personas que se van acercando o alejando de la cabina y la atención que le prestan a la música son signos que un DJ va aprendiendo a relacionar e interpretar.

No se trata de ver si todo el mundo está saltando o levantando los brazos, incluso en determinados contextos, una pista con mucha concentración, con movimientos suaves y escasas expresiones puede estar totalmente conectada con la música. En una sesión de house, por ejemplo, el público puede responder al groove mediante movimientos sutiles; en una sesión de techno si la intensidad es más alta, la conexión puede fraguarse mediante un movimiento colectivo, constante y corporal.

Cada contexto tiene su propia lengua. El aprendizaje para reconocerlo implica experiencia, atención y sensibilidad musical.

No todo se resuelve subiendo la energía

Hay mucha gente que piensa que mantener la pista activa implica tocar tracks cada vez más intensos, subir los BPM o ir en la búsqueda del siguiente gran momento. Sin embargo, la energía de una sesión no es una escalera que solo se puede subir.

Después de varios tracks contundentes, el público también necesita respirar. Se puede conseguir mejor una conexión con un tema hipnótico o con una línea de bajo tranquila o pasando a una atmósfera diferente que con otro track que persiga una reacción explosiva inmediata.

También existen los momentos donde arriesgar conviene. Una canción menos evidente, una percusión inesperada o un cambio de textura puede aumentar la atención de las personas que llevan tiempo bailando.

El reto consiste en saber cuándo avanzar, cuándo sostener el momento y cuándo cambiar. Un DJ que entiende la pista no persigue un público permanentemente al máximo; sabe que los contrastes hacen que los momentos intensos tengan un mayor impacto.

El track correcto en el momento correcto

Una de las diferencias que separan a una buena selección musical de una buena sesión está marcada por el contexto.

Una canción puede ser excepcional y en un momento determinado no funcionar. Quizá su atmósfera es demasiado introspectiva para una pista que busca energía. Tal vez su vocal es demasiado conocida para un público que busca descubrir música nueva. O tal vez necesita más tiempo para desarrollar su tensión de lo que permite el momento.

Tampoco significa que el DJ debe ser alguien que se limita a complacer a su público. Si se limitara a reproducir a gusto de la gente, difícilmente construirá una experiencia distinta. Leer la pista es encontrar un equilibrio entre dejarse llevar por la energía que hay y proponer algo que la gente no sabe que quiere escuchar.

Ahí radica parte de la dificultad del propio oficio; no limitarse a seguir la energía del momento sino saber cómo transformarla.

La diferencia entre observar y anticipar

Un DJ puede darse cuenta de que en la pista ha bajado mucho la intensidad cuando es demasiado tarde. Otro puede llegar a percibir pequeñas señales mucho antes de que el cambio sea evidente.

Tal vez un patrón rítmico empiece a sentirse repetido, quizá la energía de varios tracks seguidos ya no tenga el mismo efecto, o el público parece estar listo para otro tipo de sonidos. Prevenir no es adivinar las reacciones. Prevenir es percibir patrones, conocer bien la música propia y tener suficientes alternativas para saber responder sin improvisar ciegamente.

Por ello, preparar la sesión no tiene que ser necesariamente decidir cada uno de los tracks de antemano. También consiste en saber los tracks que podrían estar funcionando ante diferentes situaciones, saber las entradas y salidas de esos tracks, y conocer qué tipo de energía ofrece cada uno. La preparación da posibilidades; la lectura de la pista escoge las posibilidades.

El público no es el mismo todas las noches

Un error extendido es creer que una fórmula que ha dado buen resultado en una ocasión determinada lo hará de nuevo.

Incluso en una misma sala pueden haber públicos diferentes en función de la hora, del día, del artista que actúa antes o después o, del tipo de evento. Una sesión que hace conectar a una multitud en el amanecer podría no funcionar con el mismo tipo de multitud a medianoche. Incluso dos públicos que disfrutan del mismo estilo musical pueden tener expectativas totalmente diferentes.

También importa el contexto musical que ha dejado el DJ anterior. Si la pista ha venido de una sesión melódica y emocional, podemos entrar a una selección percusiva o bien producir una transición estimulante o una desconexión, dependiendo de lo que queramos construir. No hay recetas que funcionen «siempre». Hay principios, hay experiencia y hay decisiones que deben adaptarse al momento.

Por tal motivo, leer la pista no es una competencia que se pueda aprender únicamente escuchando música ni practicando transiciones en casa. Se aprueba tocando delante de gente real, aprendiendo de sesiones que funcionan y, sobre todo, de sesiones que no funcionaron como se esperaba.

La playlist perfecta no existe

Las plataformas digitales han facilitado el descubrimiento musical de la forma más fácil que existe hoy en día. En la actualidad puedes sin esfuerzo elaborar listas muy extensas, clasificar los tracks por tonalidad, energía o BPM, planificar las sesiones con una precisión que anteriormente representaba mucho más trabajo. Estas utilidades son efectivas. Pero, ninguna de ellas tiene la flexibilidad de transmitirle al DJ lo que está sintiendo en ese mismo instante el público.

Una playlist no sabe si la pista pide cambiar de rumbo o si una determinada canción ha de desarrollarse durante más minutos, o si ya es momento de dejar de lado las ideas barajadas previamente. Tampoco es capaz de replicar la intuición que transmite ver cómo responde la gente al ejecutar una selección inesperada.

Tal vez el mejor momento en una sesión no sea la canción que el DJ había considerado imprescindible antes de llegar al club. Tal vez sea una canción que ha entrado casi por casualidad, una transición que ha abierto una nueva opción, o una decisión tomada al observar algo que no estaba en ningún plan.

Cuando la música y el público construyen algo juntos

Una pista de baile no está bajo el control total de un DJ. Es posible que te proponga un rumbo, que eleve la energía, que abra espacios o que te proponga un relato musical, pero la reacción final siempre es de los escuchas, de la gente que está en esa pista de baile.

Esa conexión es la que se establece en esa relación. El DJ lee las señales y responde con música, la gente reacciona y eso modifica la toma de decisiones de un DJ. Y ahí es donde la sesión deja de ser la simple concatenación de temas y se convierte en una experiencia única.

Por eso mismo, dos DJs pueden tocar los mismos tracks y conseguir resultados completamente diferentes. La selección importa, la técnica importa, el conocimiento musical importa, pero también la capacidad de leer lo que está sucediendo más allá de los audífonos.

Al final leer una pista no es conseguir que todo el mundo baile siempre igual. Es entender el momento, respetar su energía y seleccionar la música capaz de llevarla a otro lugar.